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Filantropía

Richard Webb

El comentario de Bill Gates en España, recomendando menos ayuda económica para el Perú debido a que seríamos un país rico, lleva a varias reflexiones. Primero, que no es necesario ser persona bien informada ni film izle
atinada para llegar a tener una de las fortunas más grandes del mundo. Segundo, que la lógica del corazón no es la lógica de la economía. Tercero, que tenemos un miedo injustificado al destete.

Gates se equivocó en cuanto al tamaño de la economía peruana. No es de 10.000 dólares por persona al año, como dijo, sino de 5.900, cifra además inflada por la reciente caída del dólar. Luego, siendo uno de los filántropos más generosos de la historia, es paradójico que Gates no haya respetado la lógica del corazón, diferente a la racionalidad de la economía. El corazón, por ejemplo, responde a los ojos y a la cercanía, y de allí el dicho que la caridad empieza en casa. Si no, ¿cómo explicar que la Fundación Gates de EE.UU. destinó 381 millones de dólares, un quinto de su presupuesto del 2011, para apoyar instituciones y personas en su propio país, donde el ingreso supera los 40.000 dólares? La racionalidad económica que Gates pregonó a los españoles lo obligaría a cerrar los ojos a las necesidades de su propio país, y mandar todo ese dinero al África. Igualmente frío fue el pedir que España haga caso omiso a los vínculos de historia y cultura con el Perú.

En cuanto al temor de perder la ayuda externa, esa pérdida ya se viene produciendo sin darnos cuenta. Hoy el aporte total es de poca relevancia, apenas 0,4% de nuestro ingreso nacional, a diferencia del estado de dependencia de países africanos donde la filantropía internacional supera la recaudación de impuestos. La ayuda externa es ciertamente bienvenida, pero su monto nunca ha sido importante para nuestra economía. Más que el monto, su valor ha consistido en la transmisión de ideas: cada proyecto de ayuda es una escuela que enseña cómo mejorar las prácticas de cultivo, de gestión, de financiamiento, de hogar saludable, o de administración pública, aportes educativos especialmente valiosos para un mundo que cada día depende más del conocimiento.

Lo que sí tiene peso monetario son las transferencias que reciben los hogares peruanos del gobierno y de sus familiares radicados en las áreas urbanas o en el extranjero, y que en promedio cubren el 7% del presupuesto familiar. Pero nos faltan Bill Gates peruanos. Quizás el mejor aporte al Perú de Gates será, simplemente, su ejemplo de generosidad.


Publicado en El Comercio, 27 de febrero de 2012


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